CAP 4.- LA BÚSQUEDA

Pasaron los días y todo parecía haber vuelto a la normalidad.
Daniel ya no se mostraba arisco, por lo que había vuelto con sus amigos y ya no se sentía solo.
Katy lo ayudaba en lo que podía. Dani le había pedido que no se lo dijese a nadie , y, a sabiendas de que era la única que sabía su secreto, procuraba portarse con él con normalidad, y no acercarse mucho para no levantar sospechas.


Un día, Dani la llamó y le preguntó si querría ayudarle en un asunto.

-¿Qué asunto? -preguntó Katy.

-Es que quiero saber quiénes son mis verdaderos padres, porque “mis padres” no me lo quieren decir. Consideran que “no es necesario para tu formación ni es imprescindible para mantener tu conciencia tranquila”.

-Claro-contestó ella-pero ¿qué esperas averiguar si no cuentas con ningún dato ni fichero?

-Eso es lo que ellos quieren que piense...-contestó Daniel, con voz cavernosa..

-¡Dani, me estás asustando!-chilló Katy nerviosa.-Que no, ¡tranquila!. Lo que sí se es que el certificado de adopción tiene que estar en algún sitio,¿no?

-Mmm... supongo-dijo Katy.

-Tendrás que venir a mi casa para ayudarme a buscar, ¿te parece bien?

-Claro-exclamó Katy.Quedaron para el día siguiente.


Katy se acercó a la casa de Daniel. Llamó al timbre y abrió su madre.
-“Pero no es su madre”- pensó Katy confusa. Todavía no se había hecho a la idea.

Cuando llegó a la habitación de su amigo, éste la recibió con una sonrisa.

-Tenemos que empezar a buscar ya. ¿Qué te parece si empezamos por el despacho de mi “padre”? Normalmente guardan allí los papeles importantes.
-Está bien. ¿Sabes?, esto me recuerda un poco a la búsqueda del tesoro.
-Sí, la única diferencia es que no buscamos un tesoro- rió Dani, amargamente.

Buscaron entre las facturas y los archivos, pero no llevaban ni la mitad cuando la puerta se abrió con un suave chirrido.
El “padre” de Daniel apareció detrás.
Parecía apurado, pero en cuanto vio lo que andaban haciendo se puso como una fiera. Estaba claro que había adivinado sus intenciones. Con voz ronca, les echó del cuarto con las manos vacías.

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